domingo, 29 de mayo de 2011

ESPACIO Y TIEMPO EN EL PENSAMIENTO MAYA.


ESPACIO Y TIEMPO EN EL PENSAMIENTO COSMOGONICO MAYA


Autor; Edwin Castillo Lepe.

Según el pensamiento maya, el sol constituye un astro de primera magnitud, no sólo en los aspectos espirituales, cosmográficos, astronómicos, ideológicos, etc, sino que es punto de vital importancia en sus elaboraciones matemáticas y geométricas, resultado de los aparentes movimientos del sol, por el giro anual de la Tierra a su alrededor. Equinoccios y Solsticios marcan además de las cuatro estaciones, los cuatro rincones del mundo o los cuatro puntos cardinales que, según David Vela en su trabajo La Plástica Maya, llevó a esta cultura a entender idealmente el universo como un cubo, figura geométrica perfecta. De esa cuenta al dividir el espacio, los mayas concebían dos niveles principales, el vertical a su vez subdividido en supra mundo (twitz Kyaj), el mundo (twitz tx’oxtx´) y el inframundo (twitz tjaq’ tx’otx’).

Respecto al espacio horizontal, los puntos cardinales tienen la siguiente significación: a) el oriente, identificado por el color rojo, representa el nacimiento del sol; b) el poniente, representado por el color negro, significa la muerte del sol; c) el sur, de color amarillo, significa el nacimiento del hombre y d) al norte tiene asignado el color blanco, para significar la muerte del ser humano y e) en el centro se levanta la cruz cósmica, el ombligo del mundo y está representada por los colores azul, que significa el color del agua y cielo, y el verde, que es el color de la naturaleza; también representa la unidad entre el hombre, el supra mundo y el inframundo, porque “los mayas consideran que el ser humano se encuentra en un estado de equilibrio (ya que) está en medio, en la superficie entre el (supra y infra mundo)” (García, 1992). Esta representación del mundo en cuatro partes corresponde en alguna medida a las cuatro estaciones del año y, por consiguiente, a las cuatro esquinas del universo maya que, según la mitología de esos cuatro puntos se levantaron los cuatro árboles cósmicos que sostienen y unen al mundo y el supra mundo, como son las ceibas o baacab dadores de agua. En una perspectiva más amplia Significa la vida del universo como totalidad. Es también punto de unión de todos los contrarios. Se ha identificado con la Ceiba Sagrada (Recancoj, 1,999)





Así es como el libro mito histórico Pop Wuj relata de manera poética “... como se acabo de formar todo el cielo y la tierra, como fue formado y repartido en cuatro partes, como fue señalado y el cielo fue debido y se trajo la cuerda de medir y fue extendida en el cielo y en la tierra, en los cuatro ángulos, en los cuatro rincones.” (Recinos, 1,991 )
Aquí tenemos los planos vertical: Supra mundo e inframundo y en el horizontal las cuatro esquinas y el centro.







Figura 1. Las cuatro “esquinas del cielo” en los solsticios y el punto central al pasar el sol por el cenit, basado en Villa Rojas.

Justamente, el libro de los acontecimientos viene a confirmar una de las características mas sobresalientes del pensamiento maya “ unidad entre tiempo y espacio. El cosmos tuvo su origen cuando nació el sol y comenzó a moverse, y en este movimiento creó a su vez un orden en la sucesión del tiempo y un orden en la configuración del espacio” (Florescano, 1,992) Es indudable que este tipo de concepción de tiempo y espacio constituye el principio rector de la sociedad maya principalmente en el denominado período clásico (300-900. d. c.). Abundantes testimonios podemos encontrarlos en las grandes ciudades convertidas ahora en centros arqueológicos.

Como ha quedado demostrado, en la gráfica anterior, junto a la visión horizontal del mundo, los mayas también concibieron una visión vertical, representada por tres niveles fundamentales: supra mundo regido por trece niveles o deidades, seis que administraban el lado oriental y seis el lado occidental; el cenit gobernaba la parte más alta que el sol asumía en el día. El inframundo estaba representado por nueve niveles al igual que el supra mundo, cuatro hacia el occidente y cuatro al oriente y el punto más bajo que era el quinto peldaño, representaba la parte más interna o profunda del inframundo, parte desde la cual el sol iniciaba de nuevo su recorrido.

Así, en el pensamiento maya cada día representa un nacer y un morir del sol, equivale en el sentido simbólico a vencer día a día a los señores de Xibalbá, cuya residencia se encuentra en el inframundo. Puede entenderse como el nivel de conciencia más elemental, caldo de cultivo del odio, rencor, ambición, envidia, que todos llevamos en el fondo; ese nivel latente que puede superarse solamente con el esfuerzo cotidiano de acceder a niveles superiores de conciencia como mitológicamente lo hizo Hun ajpú e Ixbalanqué, que vencieron a los Señores de Xibalbá logrando que cada día alumbrara el mundo un nuevo horizonte civilizatorio, que pudiera trasmitir vida y calor a los seres humanos.


Figura No. 2. El camino del sol y los tres niveles; Supra mundo, Mundo y Inframundo, tierra y espacio celeste (basado en Villa Rojas)

Queda pues, fehacientemente, demostrado que en la cosmovisión maya, los espacios horizontal y vertical se unen al centro, de la tierra representando el punto que señala el sol al posarse en el cenit, lugar donde confluyen las diversas fuerzas cósmicas y terrestres que desde la diversidad conforman la unidad cósmica y que implica la humanidad. Este momento constituye el más puntual y relevante dentro de la espiritualidad maya, pues las partes al trascender la diversidad la devuelven a la unidad que les dio origen; actualmente el ritual se lleva a cabo en diferentes centros ceremoniales en todo el país. La antropología también lo confirma como podemos observar en el siguiente texto “Podría decirse que en la época Clásica los mayas consideraban que los conceptos de orden, creatividad, bondad y energía estaban naturalmente ligados al poder benéfico del sol. Así como todos los ciclos temporales del mundo natural y humano se vinculaban con el movimiento del sol.” (Florescano, 1,992).

En las ciudades mayas de la época Clásica se puede apreciar el extraordinario esfuerzo que se hacia por tratar de recrear a nivel del mundo social, político y arquitectónico la armonía y ritmo del cosmos. En la actualidad sabemos por estudios e investigaciones científicas que las ciudades mayas se construyeron bajo la visión de rehacer en sus trazos el orden cósmico, cotidianamente trazado por el Sol.



Por ejemplo la orientación de las construcciones de las escalinatas de los principales monumentos históricos y arquitectónicos de Tikal, Yucatán, Uxmal, Abaj Tajalik, etc, se encuentran ubicadas con orientación que demuestra el camino del sol: el nacimiento y muerte en función de recrear la armonía que generan el orden cósmico en sus combinaciones unidad-diversidad-unidad “La planeación de estos conjuntos urbanos, y la distribución y orientación de sus edificios, quiso reproducir la división cuatripartita del cosmos, convertir el centro sagrado de la ciudad en una replica del ombligo del mundo que le daba sustento al universo, hacer de cada templo y edificio un indicador de los desplazamientos del sol por la orbita celeste, de manera que la ciudad terrena tuviera las mismas anclas axiales que sustentaban la armonía del cosmos.” (Florescano, 1,992).

Como sin duda se ha podido ir apreciando, los conceptos mayas contienen en privilegio la relación de macro cosmos y micro cosmos en vinculación directa, a partir de que en sus construcciones implican la representación de pequeños universos conectados a sistemas más grandes: las ciudades y el conjunto reelaboraba la armonía cósmica hasta lograr una visión tetradimensional: Espacio-tiempo-tiempo-espacio, que en el los primeros 25 años del siglo pasado Albert Einstein lograra para su fundamentación científica de la teoría de la relatividad.

Es por ello que la unidad entre los dos espacios, tanto el vertical como el horizontal, en el universo maya se convierte en “un cubo –la forma perfecta para Platón-, dividido horizontalmente en tres planos: astronómico, físico y espiritual –que es la triple naturaleza de Hunab K’u, y seccionado verticalmente por los cuatro puntos cardinales.... El centro del cubo es Hunab’ K’u, ser único o superior, bisexualizado para engendrarlo todo, de quien emanarían las demás divinidades, fuerzas y formas, corazón del cielo, de la tierra y de la profundidad” (Vela, 1,983)




“Representación ideal del universo....Astronómico, físico y espiritual y los cuatro puntos cardinales que forman intersecciones o nudos claves de amarres, Hunab Ku’ en el centro del cubo, de donde nacen números cabalísticos o rituales: 1,2,3, Hunab-ku’, unitario, bisexuado y cuya naturaleza es física, astronómica y espiritual; 4 los puntos cardinales, 5 los puntos cardinales y Hunab Ku’, 13 las doce intersecciones de los puntos cardinales con las líneas que limitan los tres sectores horizontales, más su contacto con el centro del cubo.” (Vela, 1983)

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